Trabajar para Dios … pero con Dios

La catequista de Oriente
19 octubre, 2021

Hay expresiones que seguramente hemos escuchado y que han encendido nuestro corazón en inquietud por servir a los hermanos, por construir un mundo mejor, donde se hagan presentes los valores del Evangelio. Algunas de esas expresiones pudieron ser:

¡El trabajo por el Reino nos apremia! ¡Cuántas personas que nos necesitan para que les llegue la Palabra de Dios, para que conozcan a Jesús! La construcción del Reino no admite descanso, porque Dios no descansa, hay que estar dispuestos siempre y en todo momento para trabajar. ¡Cuánta pobreza e injusticia en nuestro mundo, hay que hacer algo, Jesús no se quedaría quieto!

Pero hay una pregunta que transciende toda nuestra actividad como cristianos; 🤔 ¿Cómo construimos el Reino, cómo hacemos los que hacemos? ¿Está Jesús en la planificación? ¿Está Jesús en la actividad?

Estas preguntas son fundamentales para que podamos vivir un servicio auténticamente cristiano, una actividad que nos una y lleve a Dios y no una actividad que nos termine agotando 🥵, consumiendo las fuerzas, apagándonos el entusiasmo y el amor por ser partícipes de la construcción del Reino. 🤍 Dios nos quiere con un corazón inquieto y dispuesto a servir, con una esperanza renovada, pero no quiere hijos agotados y extenuados.

Hay una pregunta que nos puede hacer pensar: 🤔 ¿Es posible que trabajar en las cosas de Dios nos termine alejando de Él? Hacer las cosas por Dios y para Dios pero “SIN Dios”, ciertamente, nos puede alejar de Él, porque poco a poco nos iremos poniendo nosotros en el centro, sin darnos cuenta, inconscientemente. Será entonces cuando terminará llegando el día en el que nos cansemos, abandonemos e incluso, en algunos casos, nos alejemos un tiempo de la Iglesia, por agotamiento por hartazgo, porque perderá el sentido el esfuerzo y el sacrificio.

Otra situación que puede presentarse cuando hacemos cosas “SIN Dios” es que nos acabemos apropiando de la obra que le pertenece a Él, olvidándonos que Él es el protagonista; será entonces cuando vengan los problemas y las divisiones propias de los espacios en donde se ha dejado de lado a Dios.

📖 ¿Cómo hacer entonces que nuestras actividades no terminen en un activismo desordenado que nos separe de Dios y que sean actividades que nos unan más a Él y favorezcan el encuentro?

Para responder a esta pregunta contemplemos a Jesús en sus múltiples actividades diarias: Sanar, predicar, atender a los necesitados, instruir a sus discípulos, enfrentar los ataques de los escribas y fariseos, etc.… Del mismo modo contemplemos cómo 🎯Jesús dejaba su actividad de lado un tiempo para encontrarse personal y comunitariamente con el Padre en oración, en silencio. Jesús sabía dónde estaba el motor de su actividad, el centro de su vida, la orientación de su camino; en el Padre, en su voluntad.

📖 “Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.” (Lc 5, 15-16)

Y si seguimos contemplando a nuestro Maestro podremos ver que no solamente se daba esos momentos de oración y desierto en mitad de su actividad diaria, sino que toda decisión, todo proyecto, estaba precedido por un momento así, un momento de silencio y oración con el Padre.

📖 “En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles” (Lc 6, 12-13)

📖 “En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación». Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.” (Lc 22, 39-44)

🎯 Es necesario huir del “hacer sin discernir”, del activismo desordenado; necesitamos el encuentro con Dios para todo, hasta para la actividad que nos pueda parecer más insignificante, porque Él es el protagonista de todo, el que conoce nuestro corazón y el de aquellos que nos rodean, cuyos planes son perfectos.

Necesitamos de momentos profundos de oración 🙏 personal con Dios, de silencio, para que verdaderamente nuestro trabajo esté orientado hacia Él, para que lo que hacemos nos una más a al Padre y nos lleve por el camino de la santidad.

🎯 Que la oración y el encuentro con Dios transcienda todo lo que hacemos, para que todo tenga el perfume de la santidad, de la entrega y el servicio cristiano que está atravesado por el amor, que no se mide por la cantidad de actividades que se realizan, sino porque las actividades realizadas se hacen con Dios y desde Dios.