Un SÍ de valientes

Despertar a ejemplo de María
8 diciembre, 2022

“Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4, 16)

Estamos en cuenta regresiva para el nacimiento de Jesús, quien vino y se hizo hombre para darnos esperanza y salvarnos. Debemos estar llenos de alegría y amor, al borde de la locura completamente; pero quisiera detenerme aquí un momento y compartir una pregunta que no solo en Adviento ha estado en mi mente, sino ha ocupado un lugar constante en mis pensamientos y va entorno a💡 ¿cómo respondo al llamado del amor?

No hay palabra que se utilice más veces en películas chick-flicks, libros románticos o canciones pero que nos cueste más entender que la palabra AMOR; y además de entenderla con la cabeza, interiorizarla y llevarla al corazón… convertirla en una acción y en una decisión. En estos días donde no sabemos a quién creerle con tanto que escuchamos y vemos, 🎯nadie como el Señor para decirnos quienes somos y comprender con humildad y aceptar que fuimos creados para ser amados, pero también para amar.

El 18 de enero de 2015 el Papa Francisco en Manila ante una audiencia de jóvenes nos describía la auténtica acción: “El verdadero amor te lleva a quemar la vida, aun a riesgo de quedarte con las manos vacías. Pensemos en San Francisco: dejó todo, murió con las manos vacías, pero con el corazón lleno» (Encuentro con los jóvenes, Manila, 18 de enero de 2015).

Esto pareciera ser una respuesta al llamado de amar; pero no con la ley del menor esfuerzo; porque el verdadero amor le cuesta al alma, pero también la purifica: el amor nos hace salir de nosotros mismos.

Dios te quiere usar para hacer la diferencia, para que le respondas a su llamado con el prójimo, sobre todo con los que tenemos diferencias, con los pobres, con los olvidados por la sociedad; ahí con ellos es dónde debemos responderle fervientemente, porque esa es la forma más pura de trascender: “En el ocaso de nuestra vida seremos juzgados en el amor” (Juan de la Cruz)

Bien lo enunciaba Benedicto XVI en su primera encíclica Deus Caritas Est: «El amor al prójimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jesús. Consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco”. Dios nos ama a todos, sin hacer distinción alguna.

🎯Nosotros amamos porque Él nos amó primero y gracias a ese encuentro, y en esa experiencia con Dios, debemos atrevernos a mirar al otro con los ojos de Jesucristo.  El mayor anhelo nuestro y el del prójimo es recibir amor, pero nos corresponde aventurarnos a darlo primero.

La decisión de amar es algo continuo y hay que pedirle desde lo más profundo de nuestro ser al Señor que cambie nuestro corazón;  que sea un corazón que lo sepa elegir y darle un SÍ constante y perpetuo, respondiendo a ese llamado en el presente, en el hoy;  no mañana, no en un año o cuando seamos (más)  adultos, porque ese llamado es una oportunidad única que se nos está dando y sería muy tonto desperdiciarla.

La pregunta que te invito a hacerte y a reflexionar es: 💡¿qué estamos haciendo y cómo aceptamos y abrazamos ese llamado a amar? Piénsalo… y sí, la respuesta la tendremos en la intimidad con Él; pero algo que ayuda mucho cuando están estos cuestionamientos tan profundos, es mirar fuera de nosotros y recordar que el amor tiene forma cruciforme.

Quiero concluir con una última frase: 🎯Jesús es AMOR, ¡sí! AMOR en mayúsculas y recuerda que cuando no sientas que puedes ofrecer algo, recuerda que siempre tienes un corazón para amar.🥺