Conversión de san Agustín. Un encuentro con el Amor.

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Amar y ser amado  es el deseo de Dios que tiene como meta la conversión.

Son muchas las formas que intentamos conseguir el amor. En el proceso de nuestra vida intentamos llenar aquella necesidad tan natural de sentirnos amados. Necesidad que nos moviliza a salir al encuentro de aquello que identificamos como el verdadero amor. Sin embargo, ese deseo natural que nos moviliza puede llevarnos a caminos diversos que poco o nada tienen que ver con el amor.

Quien no conoce lo que es el amor puede identificarlo con cualquier persona u objeto que, más que llenar la vida, producen un vacío aún mayor.

No es lo mismo buscar el Amor  (Dios) que los amores. El ruido incesante de nuestra sociedad nos hace cada vez menos capaces de reconocer el Amor que clama en nuestra interior, y es ahí cuando comenzamos a buscar amores que lo sustituyan. Pasiones efímeras que intenta llenar esa ausencia pero que  nos producen una insatisfacción mayor. Nuestro deseo acaba estafado por la ilusión de que encontraríamos en ese “amor” el deleite, el sosiego, la felicidad.  De esta forma, muchos pasamos la vida intentando conseguir la fuente de nuestra felicidad, sin llegar nunca a acertar. Y es entonces cuando se pierde la esperanza de encontrar la fuente verdadera de la felicidad y el amor. Entregándonos así a la rutina que silencia el llamado del amor (conversión); a ruidos externos que nos distraigan de la realidad de nuestra vida interior.

Ante este deseo de amor, acallado por la vorágine del hacer, solo se le puede dar cauce cuando nos adentramos en nuestra vida y nos abrimos a la llamada de Dios, quien nos ofrece su vida. Solo así encuentra sosiego ese deseo interno, esa energía que nos impulsa acaba encontrando su cauce y el sentido por la que ha sido creada. No es nada nuevo. Es el mismo mensaje que se ha repetido una y otra vez y que en esta ocasión soy yo quien hace eco del mismo con el deseo de que llegue a alguien que aún no las ha escuchado, o mejor dicho, leído. O que incluso puede resonar de forma nueva en quien lee atentamente.

Es el amor tan antiguo y tan nuevo (San Agustín) que, aunque se ha escuchado repetidas veces, resuena de forma nueva en quienes con apertura escuchan lo que éste tiene que decir.

Hoy día celebramos el encuentro del Amor con un hombre hace diecisiete siglos quien estuvo en constante búsqueda de amar y ser amado. Ese personaje es san Agustín y su vida es signo de que el encuentro con el Amor verdadero transforma nuestra propia realidad, de forma progresiva, a una vida en plenitud. Por tanto, es momento de dar espacio al Amor y dejar que sea Él quien nos encuentre. No es lo que hacemos lo que nos dará como resultado sentirnos amados – de ser así no habría necesidad de nada – sino la apertura de nuestra vida a Dios y a los demás.

Cada día es una oportunidad más para vivir ese encuentro y cambiar la perspectiva de nuestra vida.

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