Llamadas al Amor

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Con el lema “Llamadas al Amor”, la pastoral vocacional agustino recoleta quiere reconocer la entrega generosa de tantas mujeres, de ayer y de hoy, que inspiradas en el Carisma agustino recoleto, han seguido a Cristo

Toda vocación es una respuesta de amor a Dios que nos amó primero y que nos invita a caminar con él. Es la participación en el amor infinito, que desborda todo límite del pensamiento humano, y nos sumerge en la infinidad del océano, que es el mismo Dios; Aquél que desde el principio de la creación nos ha hecho partícipes de un llamado existencial y nos ha entregado el mundo para que en él, descubramos con gratitud y generosidad, de qué manera podemos responder a este llamado y cómo podemos hacerlo fecundo, para el bien de la creación y de nosotros mismos. Desde este punto de vista, se entiende la vocación como una llamada a amar, por amor y en el Amor.

De esta llamada al amor, amando, participa de una manera muy especial la mujer; quien desde el inicio de la historia de la Salvación, ocupa un lugar especial en las páginas de la Sagrada Escritura. Eva, la madre de toda la humanidad, fue creada también a imagen y semejanza de Dios; porque en ella el Padre imprimió la ternura, la dulzura, el amor y todos aquellos sentimientos que solo el corazón de la mujer podían contener y transmitir. Su vocación fue un llamado al amor que se hace fecundo, a la vida que genera vida. Su maternidad fue una respuesta al mandato divino: crezcan y multiplíquense, hagan fecunda la tierra. Su vocación de mujer y madre reflejan el amor creador del Padre.

También María, la nueva Eva, la Madre de la humanidad redimida, la Madre de la Iglesia, fue escogida por Dios para hacerla partícipe de una fascinante historia de amor: ser la Madre de su Hijo Jesucristo. Su vocación, fecundada en el silencio y fortalecida en la escucha intensa de la Palabra y en la fe pura, se convirtió en un Amor encarnado, que trajo al mundo la felicidad verdadera, la salvación y la vida e hizo de Ella, la Bendita entre todas las mujeres. Su sí, como respuesta a la voluntad divina está motivado sólo por su amor a Dios y se constituye en modelo del sí de la Iglesia. Su vocación de mujer consagrada en el modelo de toda vocación cristiana, en sus distintas vocaciones particulares.

La Iglesia es femenina: es Iglesia, es esposa, es madre.

Con frecuencia el Papa Francisco ha dicho que la Iglesia es femenina, y tiene razón, la participación de la mujer dentro de ella ha sido y es muy importante. Dice el Papa:  El papel de la mujer en la Iglesia no es sólo la maternidad, sino que es más fuerte: es como el icono de la Virgen, Nuestra Señora; ¡aquella que ayuda a crecer a la Iglesia! (…) La Iglesia es femenina: es Iglesia, es esposa, es madre. No se puede entender una Iglesia sin las mujeres, pero mujeres que estén activas en la Iglesia, con sus perfiles, que llevan adelante[1]. Qué hermoso es saber que la Iglesia encarna todas las vocaciones a las que puede ser llamado el ser humano. Su amor de mujer y madre; de creyente y discípula, se hace fecundo cuando engendra y da a luz auténticas vocaciones, llamadas a ser en el mundo, reflejo del Amor que todo lo hace.

 

En este mes de mayo, en el que por tradición milenaria se honra con especial devoción a María, queremos dedicar también un espacio para meditar en la vocación a la que están llamadas las mujeres dentro de la Iglesia: la vocación cristiana, como fuente de todas las vocaciones específicas. Santa Teresa de Lisieux, deseosa de responder plenamente al llamado que Dios le había hecho en la vida contemplativa, dice: en el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor. Sí, en el fondo de una autentica vocación cristiana está el Amor; el único que es capaz de inspirar todo tipo de amor, en carismas y servicios, que enriquecen la Iglesia y la hacen solícita a las necesidad de la humanidad.

Con el lema “Llamadas al Amor”, la pastoral vocacional agustino recoleta quiere reconocer la entrega generosa de tantas mujeres, de ayer y de hoy, que inspiradas en el Carisma agustino recoleto, han seguido a Cristo; en primer lugar, como cristianas comprometidas con la fe del Bautismo; después, como vírgenes consagradas en la contemplación y en la acción, encarnando en su vida y en sus obras, la pasión renovadora de la recolección, haciendo presente a Cristo entre sus hermanas, pero también entre los niños, los jóvenes, los necesitados, los enfermos. También están las madres consagradas al hogar, las mujeres que en lo cotidiano de los quehaceres del día a día, oran por sus hijos y esposos y buscan la unidad de la Familia.

Todas ellas, inspiradas por San Agustín, el gran enamorado de la Verdad, han sentido en sus vidas la llamada del “Amor amante”, que les ha invitado y les invita diariamente a vivir con plenitud su vocación dentro de la Iglesia, como una respuesta de amor que no tiene límites, con un compromiso cotidiano de entrega y de servicio sin esperar nada a cambio, como un desgastarse por el anuncio del Reino; pero sobretodo, como una búsqueda apasionada de aquel Amor, que da sentido a la vida, que llena de auténtica felicidad el corazón y que desborda los deseos de todo aquel que al encontrarlo se siente plenamente amado.

[1] https://es.catholic.net/op/articulos/52571/cat/245/la-mujer-en-la-iglesia.html#modal

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