Profetas aquí y ahora

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Durante el tiempo de Adviento se destacan cuatro figuras que nos ayudan a comprender la llegada de Dios hecho humano. Estos personajes son el profeta Isaías, Juan Bautista, San José y María de Nazaret.

Hoy, le corresponde al Profeta Isaías poner la voz para enseñarnos tres cosas sobre la vocación de cada cristiano. En primer lugar, comencemos con destacar lo que significa la palabra profeta; en hebreo Nabí y en griego Profetes de donde nace la palabra utilizada en español. Profeta significa “enviado” o “llamado”, es decir, aquel que es llamado y enviado a cumplir una misión que no es otra que hablar en nombre de Dios, ser sus embajadores. ¡Felicidades! perteneces a la diplomacia divina. La llamada que recibimos en el bautismo no es otra que ser portadores de la palabra de Dios para sanar corazones y mostrar la presencia de Dios entre nosotros, aquí y ahora. Esto simboliza que todo cristiano, tú y yo, somos profetas. ¡Wow! Una gran responsabilidad.

Una segunda enseñanza que podemos sacar de la vida de Isaías es reconocer la grandeza de la misión y la necesidad de purificarnos para poder llevar el mensaje de Dios en nuestra vida. “¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!”. (Is. 6, 5) Somos personas que pecamos, hombres y mujeres de labios impuros, pero solo en el reconocimiento de nuestras limitaciones percibimos la necesidad de Dios en nuestra vida, en caso contrario no.

Una última enseñanza de gran importancia es: ser valientes ante la misión que Dios nos confía. El llamado, exige una respuesta; la respuesta, debe estar acompañada de un proceso de reconocimiento de las limitaciones; y las limitaciones no deben entorpecer nuestra misión de llevar la palabra de Dios a los demás. El profeta es aquel que a pesar de las limitaciones e impurezas responde como lo hizo Isaías. “Yo oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?”. Yo respondí: “¡Aquí estoy: envíame!”. (Is 6, 8)

Llegados aquí y viviendo el adviento debemos preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a escuchar la voz de Dios y llevar su mensaje a los demás muy a pesar de las dificultades que ello conlleva? Si la respuesta es sí, recuerda que es una misión de Dios en ti y no una misión que nace de proyectos humanos.

Seamos unos Isaías (yᵉšaʿyāhû) que significa ‘YHWH salva’ (yšʿ) mensajeros de que Dios salva a quienes se abren a su amor.

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