No tengas miedo, yo he vencido al mundo…

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Algunas personas, desde muy jóvenes, ya saben lo quieren hacer de sus vidas, otros en cambio, llegan a adultos y no tienen ni idea qué están haciendo en este mundo.

No importa cuándo, en algún momento de la vida, todos debemos tomar una decisión y ante esta situación generalmente sentimos miedo.

Existen muchas teorías sobre el miedo y algunos lo colocan como nuestro principal enemigo. Muchas personas piensan que sentir miedo es algo malo o negativo, pero la verdad es que el miedo forma parte de nuestra vida. Todos sin excepción, en algún momento lo experimentamos.

Podemos definir el miedo como la angustia o recelo por un riesgo real o imaginario.

Esta angustia o recelo llamado miedo, algunas veces puede ser una emoción y en otros momentos puede ser un sentimiento y esto hace toda la diferencia…

Básicamente, la diferencia entre emoción y sentimiento está en que la emoción es una reacción psicofisiológica que ocurre de forma automática ante un acontecimiento (por ejemplo, si voy a ser asaltado en la noche por un motociclista, comienzo a temblar, sudar y salgo corriendo…), el sentimiento en cambio, es la interpretación que realizo de una emoción y que puedo aumentar o regular a través de mis pensamientos (por ejemplo, “nunca en la vida saldré de noche porque seré asaltado” o “sólo con escuchar una moto comienzo a temblar y sudar porque creo que seré asaltado”)

Si prestamos atención, en el segundo ejemplo (el del miedo como sentimiento) podemos observar cómo el miedo puede impedir a una persona vivir su vida con normalidad. Esto nos ayuda a entender un dato importante sobre el miedo: en ocasiones el miedo puede ser  malo y en otras puede ser bueno para nosotros, esto quiere decir que, el miedo puede ser positivo o negativo.

El miedo me ayuda a estar atento, a estar alerta ante un riesgo o peligro y esto puede salvar mi vida, en este caso el miedo puede ser positivo. El miedo también puede interferir en mi día a día, impidiéndome vivir con normalidad o perjudicando mi productividad, en este caso el miedo es negativo.

Ante una decisión importante, el miedo positivo, nos ayudará a tomar en serio la situación, valorando todas las posibilidades y al final decidir con madures y objetividad.  El miedo negativo será todo lo contrario: impedirá que tomemos una decisión, nos traerá sentimientos de inseguridad y nos hará sufrir mucho.

Es normal sentir miedo. Ante la presencia de Dios es imposible no sentirlo. Pero Dios es el Dios del amor y Él mismo nos dice: “ ¡Ánimo! No tengas miedo. Soy yo” (Mt 14, 22-33)

Recuerdo cuando comencé a sentir la vocación… ¡Qué miedo sentí! ¿Cómo dejaré a mi familia? ¿Qué pasará con mis amigos? ¿Cómo me iré a otro país? ¿Y si me va mal? ¿Y si la gente no me quiere? ¿Y si me pasa algo? Pero Cristo me dijo: “¡Diego!  ¡Ánimo! No tengas miedo. Soy yo” 

Si tienes miedo de tomar una decisión respecto a tu vocación no te preocupes. Cuéntale a Dios como te sientes y déjate guiar por Él… No pienses que estás pecando por sentir miedo. Mucha gente importante de la Biblia pasó por el miedo antes de dar una respuesta… ¡y Dios los amó!: Abraham, Moisés,  Isaías, Ester, Jeremías, Jonás, los Apóstoles, San José, la Virgen María… Todos sintieron miedo y al final vivieron su vocación. Busca tu Biblia, enciérrate en tu cuarto, enciende una vela, pon en tu celular una canción espiritual y habla con Dios. Haz una oración y escucha la voz de Cristo que te dice: “No tengas miedo, pues yo he vencido al mundo”.

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