¿En dónde está el cielo a donde vuela el Ave María?

Santiago el Mayor, el hijo del trueno
25 julio, 2022

La Virgen María 💙 subió en cuerpo y alma al cielo🌌 , pero ¿dónde está el cielo? El cielo no está ni aquí ni allá, sino dentro; es profundidad de la mirada y hondura en fe. El cielo no está en ninguna parte y está en todo; es Dios mismo que atraviesa toda la realidad y la baña con el resplandor de la luz 🕯️, con el aroma de la gracia. El cielo está en el fondo de todo cuento existe y, sobre todo, en el interior de quienes lo posibilitan; el cielo está en el seno de María. El cielo es vivir ya aquí y ahora, aunque sea de forma precaria, la vida buena del Evangelio. El cielo es que acontezca en cada corazón humano el encuentro con Cristo, el Señor. Es habitar en el corazón del Padre, ahí donde está ya la Madre, la Reina del cielo.

Este bello poema nos permitirá entrar más de llenos en el misterio:

✍️¿Adónde va, cuando se va, la llama?

¿Adónde va, cuando se va, la rosa?

¿Adónde sube, se disuelve airosa,

hélice, rosa y sueño de la rama?

¿Adónde va la llama, quién la llama?

A la rosa en escorzo ¿quién la acosa?

¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,

qué amor de Padre la alza y la reclama?

¿Adónde va, cuando se va escondiendo

y el aire, el cielo queda ardiendo, oliendo

a olor, ardor, amor de rosa hurtada?

¿Y adónde va el que queda, el que aquí abajo,

ciego del resplandor se asoma al tajo

de la sombra transida, enamorada?

_

Esta vez como aquella, aunque distinto.

El Hijo ascendió al Padre en pura flecha.

Hoy va la Madre al Hijo, va derecha

al Uno y Trino, al trono en su recinto.

Ella va a ser la flor del laberinto,

engaste en hueco desde aquella fecha,

cuando fue concebida sin sospecha

de huella original, de oscuro instinto.

Por eso sube altísima y raptada

en garras de los Ángeles de presa,

por eso el aire, el cielo rasga, horada,

profundiza en columna que no cesa,

se nos va, se nos pierde, pincelada

de espuma azul en el azul sorpresa.

_

No se nos pierde, no. Se va y se queda.

Coronada de cielo, tierra añora

y baja en descensión de mediadora,

rampa de amor, dulcísima vereda.

Recados del favor nos desenreda

la mensajera, la reveladora,

la paloma de paz. Heridla ahora:

ya se acabó el suplicio de la veda.

(Gerardo Diego)

¡Volvamos, con María, al cielo! Es decir, al corazón, a Cristo que lo habita, y al éxtasis del amor.

La Virgen María 💙 subió en cuerpo y alma al cielo🌌 , pero ¿dónde está el cielo? El cielo no está ni aquí ni allá, sino dentro; es profundidad de la mirada y hondura en fe. El cielo no está en ninguna parte y está en todo; es Dios mismo que atraviesa toda la realidad y la baña con el resplandor de la luz 🕯️, con el aroma de la gracia. El cielo está en el fondo de todo cuento existe y, sobre todo, en el interior de quienes lo posibilitan; el cielo está en el seno de María. El cielo es vivir ya aquí y ahora, aunque sea de forma precaria, la vida buena del Evangelio. El cielo es que acontezca en cada corazón humano el encuentro con Cristo, el Señor. Es habitar en el corazón del Padre, ahí donde está ya la Madre, la Reina del cielo.

Este bello poema nos permitirá entrar más de llenos en el misterio:

✍️¿Adónde va, cuando se va, la llama?

¿Adónde va, cuando se va, la rosa?

¿Adónde sube, se disuelve airosa,

hélice, rosa y sueño de la rama?

¿Adónde va la llama, quién la llama?

A la rosa en escorzo ¿quién la acosa?

¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,

qué amor de Padre la alza y la reclama?

¿Adónde va, cuando se va escondiendo

y el aire, el cielo queda ardiendo, oliendo

a olor, ardor, amor de rosa hurtada?

¿Y adónde va el que queda, el que aquí abajo,

ciego del resplandor se asoma al tajo

de la sombra transida, enamorada?

_

Esta vez como aquella, aunque distinto.

El Hijo ascendió al Padre en pura flecha.

Hoy va la Madre al Hijo, va derecha

al Uno y Trino, al trono en su recinto.

Ella va a ser la flor del laberinto,

engaste en hueco desde aquella fecha,

cuando fue concebida sin sospecha

de huella original, de oscuro instinto.

Por eso sube altísima y raptada

en garras de los Ángeles de presa,

por eso el aire, el cielo rasga, horada,

profundiza en columna que no cesa,

se nos va, se nos pierde, pincelada

de espuma azul en el azul sorpresa.

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No se nos pierde, no. Se va y se queda.

Coronada de cielo, tierra añora

y baja en descensión de mediadora,

rampa de amor, dulcísima vereda.

Recados del favor nos desenreda

la mensajera, la reveladora,

la paloma de paz. Heridla ahora:

ya se acabó el suplicio de la veda.

(Gerardo Diego)

¡Volvamos, con María, al cielo! Es decir, al corazón, a Cristo que lo habita, y al éxtasis del amor.