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La vida contemplativa es una confesión de amor al Amor

La vocación contemplativa es la respuesta a una llamada, pero no a un llamamiento cualquiera, sino a un reclamo de Dios. Las contemplativas somos mujeres que hemos sido “tocadas” por el Amor, y hemos sido llamadas para entregar totalmente la vida con amor al Amor.

Hemos escuchado fuertemente esa llamada en el corazón, como un aldabonazo que transformó por entero nuestras vidas y toda nuestra existencia, y que fue capaz de abrir un latido nuevo en el corazón a ese Amor que nos cautivó en el momento de la llamada, pero que perdura aunque haya pasado el tiempo y que se va forjando a través de los vaivenes de la vida, haciéndose cada vez más robusto, más fuerte, más enérgico, más grande, siempre más… sencillamente porque Él nos amó primero, nos primereó, como dice el Papa Francisco, nos llamó personalmente, sentimos su amor preferencial por cada una de nosotras y creímos con decisión que debíamos dejarlo todo por Él y para siempre. En nuestro caso como agustinas recoletas y al modo de san Agustín: “ por amor de tu amor hago todas las cosas” (Conf 2, 1).

La vida contemplativa es una confesión de amor al Amor, un amor que es y se siente libre y comprometido con los designios de Dios para ella misma y para el mundo, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad (1Tm2,4).

Esta vocación está llamada al desafío de vivir una existencia  paradójica; ¿cómo puede explicarse eso de consagrarse a Dios de por vida para orar por los demás?, ¿cómo puede ser fecunda una vida que se desarrolla en un recinto concreto?, ¿qué significado puede tener una entrega en esas condiciones?; esta vocación también tiene mucho de misión paradójica, amar a todos los hombres, en el Amor y darles vida con nuestra propia entrega. Una entrega total e incondicional, indivisa, que se siente ofrecida hasta las últimas consecuencias, hasta el espacio donde vivir, el monasterio.

La vida contemplativa es una llamada especial a vivir junto al Señor para ofrendarle todo de forma silenciosa en la sencillez de cada jornada.

La vida contemplativa es una llamada especial a vivir junto al Señor para ofrendarle todo de forma silenciosa en la sencillez de cada jornada. Vida oblativa en libertad y alegría, en fraternidad y formación, en trabajo y silencio. Porque libremente hemos respondido a esta llamada del corazón, alegres, sin complejos, sin miedo a equivocarnos, sin lugar a dudas, junto con una comunidad de hermanas que unidas buscan vivir con un solo corazón y una sola alma en Dios.

Haber escuchado su llamada y haber respondido a ella sin vacilaciones es la cosa más maravillosa que nos ha podido suceder, es el regalo más grande, el tesoro que hemos descubierto en nuestro campo y que por él hemos sabido venderlo todo no sólo una vez, sino muchas.

Y… seguiremos aprendiendo a vender las baratijas que se nos ofrecen en el camino, porque sabemos que Dios es el tesoro escondido que toda contemplativa está llamada a descubrir, para hacerlo llegar a sus hermanos los hombres. Como esa luz entre las manos que alumbra, calienta y quiere propagarse porque sabe que el aceite, el motor le viene de Otro; en silencio, sin llamar la atención, pero hundiendo sus raíces en el corazón de Dios donde le habla allí, muy cerca, muy bajito de todos sus hermanos.

¡Atrévete, ven y verás, aquí hay hueco para ti, descúbrela!, la vida contemplativa te fascinará.

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