El Corazón de nuestra Vocación

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Existe un espacio único y sagrado en todo ser humano que no conoce de distinciones entre culturas, edades, estratos sociales u otra situación similar, un espacio vital que engendra fortaleza y voluntad insospechadas, que saca a la luz la verdadera y profunda identidad del ser humano, que hace florecer relaciones basadas en el “nosotros” y no en el “yo solitario”, que moviliza sueños, esperanzas, actitudes que hermanan a través de la lógica, la gran lógica de amor… existe un espacio vital en todo ser humano que da sentido a los riesgos asumidos en libertad y muchas veces no exentos de miedo, un espacio vital que da sentido al vivir para servir, un espacio que convoca para que los sueños sean más que sueños y gesten la historia, un espacio que sabe que “no se comienza a ser cristiano (o Religiosas Misioneras Agustinas Recoletas) por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Sí, existe un espacio único y sagrado también en ti y en mí que en este momento interactuamos por medio de las presentes letras y párrafos.  Ahí está, silencioso, expectante, deseoso de que sea escuchado; ahí está, ahí está tu corazón, mi corazón, nuestros corazones; y ahí está también Dios Padre y Madre esperando, amando sin previo requisito, anhelante de encontrarse con cada ser humano pues en tal encuentro, Dios – el ser humano – en el corazón, todo es invadido de sentido, todo, ya que la lógica, la gran lógica del amor no conoce de límites ni cálculos programáticos.

Así pues, alto y claro podemos gritar todos los seres humanos y con filial cariño, quienes compartimos el carisma Agustino Recoleto que es ahí, adentro, profundo donde habita la verdad, donde se caen las corazas, donde la bondad y la misericordia acontecen sin medida, donde el ser humano se abraza con el profundo sentido de existencia; ya lo decía San Agustín: “No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad; y si hallares que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo”.

Tal experiencia, la del encuentro entre Dios – el ser humano – en el corazón vivida y conjugada en femenino, sin duda alguna ha representado siempre – ya desde aquellas mujeres llamadas y convocadas en el desarrollo de la historia de salvación del pueblo de Israel – una fuente de vida y frescor para toda la humanidad, para toda la comunidad eclesial, y también para nuestra Orden Agustino Recoleta. Recientemente, el Papa Francisco aludiendo a la actitud de María Magdalena y la otra María en la mañana de la Resurrección, marcada por las dudas, sufrimiento, perplejidad y miedo, hablaba de “aquel típico, insustituible y bendito genio femenino” que por amor al Maestro, fueron capaces de ponerse en movimiento y no dejarse paralizar por lo que estaba aconteciendo, asumiendo la vida como venía, sorteando astutamente los obstáculos para estar cerca de su Señor.

Muchas, muchísimas mujeres amadas en el amor entrañable de Dios han vivido y siguen viviendo éste bendito genio femenino, saliendo de sí para en lo poco o mucho, en lo notorio o silencioso, sus vidas fuesen canal de la ternura, cercanía, misericordia, maternidad de Dios, etc., para todos sus hijos, de manera más específica para sus hijos – y nuestros hermanos – orillados en su vulnerabilidad y en la exclusión; María, Madre consoladora, ingeniosa en el amor y en el permanecer fiel a su vocación, viviendo desde el corazón toda la realidad, sigue animando en primera fila a cada una de nosotras, mujeres discípulas de su hijo Jesús hoy.

De modo que éste es el corazón de nuestra vocación de hermanas Misioneras Agustinas Recoletas.  Éste es el sentido y la confirmación de nuestra razón de existir como familia congregacional en el carisma Agustino Recoleto al servicio de la humanidad, de la Iglesia, en disponibilidad de servicio y entrega de la vida, fruto del amor recibido previamente, viviendo desde el encuentro con Dios en el corazón, como instrumentos femeninos del:

  • ANUNCIO DE JESÚS EN EL MUNDO: Conjugando palabras y obras en el amor, cada una de las hermanas MAR vivimos para anunciar la Buena Noticia misericordiosa de Jesús para cada hombre, niño, joven, adulto, anciano, sin priorizar razas ni culturas, uniéndonos a la acción evangelizadora de toda la comunidad eclesial en el mundo.
  • ANUNCIO DE LA FRATERNIDAD EVANGÉLICA: Ahondando cada día en el don precioso y desafiante de vivir y servir a Jesús en comunidad, cada una de nosotras como aprendices de Aquél que amó hasta el extremo, nos disponemos a testificar, hoy más que nunca, el sueño de Dios de vivir y hacer posible la fraternidad evangélica, viviendo el proceso de conversión para amar, mirar y sentir con el hermano orillado, con el menos relevante el amor de Dios.
  • ANUNCIO DEL DON DE VIVIR EN DIOS: Caminando como peregrinas, hermanadas con la humanidad y entre nosotras, cada una de las hermanas MAR anunciamos con palabras y obras la belleza y don gratuito de vivir en Dios cada día, en continua conversión, en actitud de escucha y obediencia a la voluntad de su Maestro, en el encuentro regenerador de oración, ahí, ahí, en el espacio único y sagrado de todo ser humano donde habita Dios Padre y Madre, siempre esperando, siempre amando sin previo requisito, siempre enviándonos al mundo entero: ¡Id por todo el mundo proclamando la Buena Noticia!

Viviendo pues, en el corazón de nuestra vocación, nosotras tus hermanas Misioneras Agustinas Recoletas agradecemos a Dios el don de tu vida y oramos para que juntos anunciemos la bondad de Dios para con toda la humanidad.

 

  1. BENEDICTO XVI, Carta encíclica Deus Caritas Est 1,2. Roma 2002
  2. SAN AGUSTIN, De la verdadera religión 72, Editorial BAC. Madrid 1956
  3. FRANCISCO I, Un plan para resucitar, una meditación en la Pascua del Coronavirus. Revista digital Vida Nueva. Roma 2020

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