Lectio Divina 11º Domingo Ordinario: La mies es mucha y los trabajadores, pocos

Lectio Divina Corpus Christi: Yo soy el pan vivo
4 junio, 2026
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4 junio, 2026

Lectio Divina 11º Domingo Ordinario: La mies es mucha y los trabajadores, pocos

11º Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 9, 36 — 10, 8

La mies es mucha

La compasión que envía

Te compartimos la Lectio Divina del 11º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, sobre el evangelio de Mateo 9, 36 — 10, 8: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos». Una oración guiada en cinco pasos —Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Comunicatio— al estilo agustiniano recoleto, para rezar a solas o en comunidad.

Invocación

Ven, Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa
que cree en Cristo
para hacerse ciudadano
de la ciudad de Dios.

Ven Espíritu Santo,
haz que recibamos
las mociones de Dios,
pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.

— San Agustín (en. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)

Texto Bíblico

Mateo 9, 36 — 10, 8

11º Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos».

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».

Palabra del Señor

R/ Gloria a ti, Señor Jesús

Lectio

Lo que dice el texto

San Agustín · Tratado sobre el Evangelio de san Juan 15, 32

Cristo deseaba ardientemente que se cumpliera su obra y se disponía a enviar a sus operarios… Va, pues, a enviar trabajadores. Uno siembra y otro siega. ¿Cómo es que ha enviado trabajadores allí donde no ha enviado sembradores? ¿Adónde ha enviado los trabajadores? Allí donde ya otros habían trabajado…

¿Quiénes son estos que han trabajado antes? Abrahán, Isaac, Jacob. Leed el relato de sus trabajos: en todos ellos se encuentra una profecía de Cristo; ellos, pues, han sido sembradores. En cuanto a Moisés y a los demás patriarcas, a todos los profetas, ¿qué frío no han soportado en el tiempo en que sembraban? Por consiguiente, en Judea la mies estaba a punto. Y se comprende que la mies estaba madura en el momento en que tantos millares de hombres aportaban el precio de sus bienes, depositándolos a los pies de los apóstoles, y, descargando de sus espaldas el peso de este mundo, seguían a Cristo. Verdaderamente, la cosecha había llegado a su madurez.

¿Cuál es el resultado? De esta mies algunos granos fueron retirados, sembraron el universo, y he aquí que se levanta otra cosecha destinada a ser recogida al final de los siglos… Para la cosecha de esta mies ya no serán los apóstoles, sino los ángeles los que serán enviados.

Comentario

La gratuita sombra del árbol de la vida

Cuentan que un hombre sabio, mientras caminaba con sus discípulos, se detuvo ante un pequeño árbol que crecía torcido entre piedras y maleza. Uno de los jóvenes le comentó que aquel árbol jamás llegaría a ser grande. El sabio le respondió: «Por eso lo he elegido».

Meses después, regresaron al mismo lugar y vieron que el árbol se había fortalecido, había crecido y extendía sus ramas con vigor. Entonces el sabio comentó con una sonrisa: «No elegí este árbol por ser el más fuerte, sino porque necesitaba cuidado. Ahora dará sombra a muchos otros».

De la misma manera, Jesús llama a los Doce no porque sean los mejores, sino porque su amor los transformará. Él vio en ellos una posibilidad de vida y de misión.

Jesús primero se compadece. No ve números, sino corazones; no ve multitudes, sino vidas que necesitan ser sanadas y restauradas. Sabe que lo necesitan y serán sus discípulos quienes colaborarán con Él en esa misión.

Como aquel árbol, a pesar de nuestras imperfecciones, Dios nos cuida, nos fortalece y nos alimenta. Nos acompaña pacientemente en nuestro crecimiento. Sin embargo, es necesario dejarnos transformar por completo; de lo contrario, no llegaremos a realizar plenamente nuestra vocación.

Quien se deja encontrar y transformar por Dios en lo profundo de su corazón termina convirtiéndose en instrumento de su amor para los demás.

Meditatio

Lo que me dice el texto

«Al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor».

Jesús no ve una multitud; ve personas concretas, con sus heridas, cansancios y búsquedas. También nosotros estamos llamados a mirar a las personas que nos rodean, a descubrir su realidad y la vida concreta que llevan. La compasión auténtica nace cuando permitimos que Dios transforme nuestra mirada y nos enseñe a ver a los demás con sus ojos.

¿Qué siente mi corazón cuando me encuentro con el sufrimiento de los demás?

«Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente».

Hemos recibido de Dios gracia tras gracia. Esa es la lógica de Dios. La fe, los talentos, la vocación y la capacidad de servir y amar no son méritos propios, sino dones recibidos. Quien ha experimentado el amor gratuito de Dios no puede vivir calculando ni buscando recompensas.

¿Qué he recibido gratuitamente que estoy llamado a compartir?

Testimonio

Las vidas inquietas por Dios

La mirada de Jesús

En la mirada de Jesús he descubierto que no necesito ser fuerte todo el tiempo. Durante mucho tiempo cargué heridas, silencios y una profunda necesidad de amor que muchas veces intenté esconder.

Esa experiencia me ha enseñado a mirar de forma distinta a quienes me rodean. Cuando encuentro personas heridas, enojadas o que actúan desde su propio dolor, intento recordar que yo también he necesitado ser escuchada, comprendida y amada. Poco a poco, he descubierto que Jesús no solo me ama en mi fragilidad, sino que también me llama a aprender de su mirada y a reconocer en los demás una necesidad de amor tan profunda como la mía.

Jesús me enseña constantemente a mirar con sus ojos y a ofrecer a los demás un poco de la paz, la compañía y la misericordia que Él me regala cada día. Intento hacerlo con la esperanza de que, a través de ese encuentro, puedan descubrir que existe un Amor más grande que nuestras heridas, fragilidades y búsquedas: Dios, el verdadero Amor de los amores.

Solymar Antonella Mora

JAR Santa Rita de Casia · Lima

Oración

Lo que le digo a Dios

Nadie como yo ama tanto la paz de la contemplación.

Nada hay mejor,
nada es más dulce
que dedicarse a escrutar los tesoros divinos,
lejos del mundanal ruido.

Dedicarse a la contemplación
es lo mejor y lo más placentero.

En cambio,
predicar, llamar la atención, corregir,
edificar la Iglesia,
atender a las preocupaciones de los demás
es un peso insoportable,
es una carga tan pesada que cansa mucho.

Y, ¿quién no huye de una carga así?

Además,
la responsabilidad del Evangelio me aterroriza.

Por esto mismo, os pido, hermanos,
que aligeréis mi carga,
que la aligeréis ayudándome a llevarla.

¿Cómo? Siendo buenos cristianos…

— San Agustín (Serm. 339, 4)

Contemplatio

Haz que me acuerde de Ti, Señor

En el silencio

permanecemos en Su presencia
… e imaginamos

«Al ver a la multitud, se compadeció de ella».

Tener esa mirada de Jesús,

capaz de ver tan profunda y amorosamente a los que nos rodean.

¿A quién estoy dejando de ver?

¿Quién necesita hoy una mirada de compasión?

«La mies es mucha y los trabajadores, pocos».

Se trata también de una mirada a nuestro interior.

Toda vocación nace de un corazón tocado por el amor.

Aquí estoy, Señor.

Contemplar es fijar la mirada en nuestro interior, ahí donde habita Dios.

Comunicatio

En comunidad

En Él todos somos uno

El amor recibido interiormente se vuelve comunión y misericordia.

«Hoy siento compasión por…»

familia, amigos, personas que has visto.

«He recibido de Dios el regalo de…»

la vida, una oportunidad, un gesto.

Inquietos salimos;
en Ti caminamos;
juntos te seguimos.

Oración

Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.

Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente
se encuentre contigo,
único y verdadero amor.

Que todo sea
para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón
dirigidos hacia Ti,
Dios nuestro.

Amén.

Oración

Por las Vocaciones

Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.

Que se levanten y vivan unidos en Ti.

Prepara sus corazones con tu Palabra,
de modo que se dispongan
a evangelizar a los pobres
y a cuidar de tu mies abundante.

Señor, que todos los llamados
a la vida agustino recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

Y ahora…

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