Anécdota

Nos cuenta san Posidio, amigo de san Agustín, que en una cierta ocasión Agustín a hacia un viaje largo para participar en un encuentro regional de obispos para tratar ciertos temas de relacionados con la fe católica. Mientras iban de camino, el conductor del carruaje se equipó de ruta. Sobre la marcha hubo que rectificar el trayecto y rehacer el camino. Por supuesto que san Agustín llegó tarde al encuentro y le incomodó el percance. Según llegó a la reunión, se enteró que algunos de sus rivales más violentos –los circuncelliones- estaban al acecho en el camino para tenderle una emboscada y asesinarlo. Entonces, san Agustín dio las gracias a Dios y al conductor del carruaje por haberse equivocado de ruta, pues debido a eso, aún seguía con vida.
Agustín, el santo de corazón sabio

Hay tantos “influencers” en nuestra sociedad de los cuales los jóvenes están pendiente, que podríamos preguntarnos: ¿qué decir sobre san Agustín que resulte de interés para los jóvenes de hoy? Tenemos futbolistas, artistas, científicos, médicos, filósofos, políticos, creadores de nuevas tecnologías, sabios, y un largo etcétera.

Pues, se puede decir que san Agustín resulta interesante para los jóvenes de hoy porque es inteligente, creativo, sabio, sensible, poeta, pero, y sobre todo, porque es un santo; un santo inteligente, un santo creativo, en santo sensible y solidario, en santo amigable, un santo enamorado de la vida y apasionado por la verdad. Precisamente por esta razón es tan actual Agustín, porque fue un hombre de corazón sabio, esponjado en el amor a Dios y a los hermanos, buscador incansable de la verdad, deseoso de la felicidad, sincero consigo mismo ya auténtico con los demás, libre…

Por el regalo de la fe, san Agustín creció en la inteligencia profunda de las cosas, lo cual le abrió nuevos horizontes del saber. Ante la búsqueda de aquello que le hiciera experimentar la felicidad que él tanto anhelaba, el Dios humilde –Jesucristo- le descubrió la belleza del amor de ágape. Fue este amor el que dilató su corazón en lo único capaz de saciar el anhelo de infinito: “Señor, nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta descansar en Ti”. Y ante las muchas inquietudes que había en su corazón, Dios le descubrió la esperanza propia del peregrino. Precisamente aquella esperanza que aguada con paciencia la patria definitiva, el descanso total, sin por ello evadirse de las luchas y contradicciones de la vida de cada día.
 
San Agustín nos enseña
En primer lugar, nos enseña la sabiduría de la medida de lo humano: somos criaturas, capaces de muchas cosas sí, pero al fin y al cabo; antes o después mordemos nuestros propios límites. En segundo lugar, nos enseña adquirir la conciencia del inmenso don de Dios, en quien descanse el sentido y el fundamento de nuestra vida. Y, en tercer lugar, podemos aprender de san Agustín a medirnos con la medida de la fe, del amor y de la esperanza, y no solo con la medida propia. ¿Qué haces para modelar tu corazón de modo que sea un corazón sabio?