Lectio Divina 24º Domingo Ordinario: La misericordia no sabe llevar cuentas

Lectio Divina del 24º Domingo Ordinario, ciclo A, sobre Mateo 18, 21-35: perdonar de corazón y vivir la misericordia sin llevar cuentas.

24º Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 18, 21-35

¿No debías tú también tener compasión?

La misericordia no sabe llevar cuentas

 

Esta Lectio Divina del 24º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, se adentra en Mateo 18, 21-35: «¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?». A través de Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Communicatio acogemos la Palabra al estilo agustiniano recoleto, para orar personalmente o en comunidad.

01  Lectio 02  Meditatio 03  Oratio 04  Contemplatio 05  Communicatio

Invocación

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa que cree en Cristo
para hacerse ciudadana
de la ciudad de Dios.

Ven, Espíritu Santo;
haz que recibamos las mociones de Dios.
Pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.

— San Agustín (En. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)

Evangelio

Mateo 18, 21-35

24º Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No solo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».

Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda.

El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Lo agarró por el cuello mientras le decía: “Págame lo que me debes”. El compañero se arrodilló y le rogaba: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Pero el otro no quiso escucharlo y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. El señor lo llamó y le dijo: “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y lo entregó a los verdugos hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

01

Lectio

Lo que dice el texto

San Agustín · Sermón 83, 2

Todo ser humano está en deuda con Dios y, al mismo tiempo, tiene hermanos que le deben algo. Nadie puede considerarse libre de toda culpa, y casi nadie atraviesa la vida sin recibir una herida. Por eso Dios nos entrega una regla para tratar a nuestro deudor: la misma medida que usemos será la que pidamos para nosotros.

Dos obras de misericordia nos liberan: «Perdonen y serán perdonados; den y se les dará». Cuando pecamos queremos recibir perdón, y siempre hay alguien a quien nosotros podemos perdonar. Cuando un necesitado nos pide ayuda, recordamos que también somos mendigos de Dios. Nos presentamos ante él con las manos vacías y pedimos el don mayor: a Dios mismo.

Santo Tomás de Villanueva

Aprende la humildad, la obediencia, la misericordia, la paciencia y la mansedumbre. En Cristo está la escuela de todas las virtudes.

Comentario

La misericordia no sabe llevar cuentas

El perdón no aprueba el mal ni convierte la injusticia en algo aceptable. Tampoco borra las consecuencias ni obliga a exponerse de nuevo al daño. Perdonar significa renunciar al odio y al deseo de venganza, para que el dolor no termine gobernando la vida.

Pedro propone perdonar siete veces. En la Biblia, el siete expresa plenitud, así que su oferta parece generosa. Sin embargo, todavía conserva una cuenta. Jesús responde con «setenta veces siete» y rompe la lógica del marcador: la misericordia se vuelve una disposición permanente del corazón.

La parábola hace visible el contraste. El rey perdona una deuda imposible de pagar, pero el servidor liberado exige con violencia una cantidad pequeña. Recibe misericordia, aunque no permite que transforme la manera en que mira a su compañero.

Nosotros tampoco podemos pagar la misericordia de Dios. La recibimos como un regalo que nos reconstruye y nos permite ofrecer a otros lo que primero hemos recibido.

Perdonar de corazón no significa llamar insignificante a la ofensa. Significa recordar que la herida no tiene la última palabra y volver a elegir la misericordia cada vez que sea necesario.

Una comunidad que aprende a perdonar no oculta el mal. Lo reconoce, busca justicia y acompaña los procesos de sanación sin dejar que la venganza ocupe el lugar de Dios.

02

Meditatio

Lo que la Palabra me dice

«No solo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».

Pedro cree que está siendo especialmente generoso, pero todavía lleva la cuenta. La misericordia de Dios no funciona como un registro de ofensas. Permanece disponible para restaurar y dar vida porque todos necesitamos volver a empezar.

¿Perdono realmente o sigo contando las veces que me han herido?

«Lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Cuando vivimos la dinámica de la misericordia, construimos relaciones más libres y justas. No aprobamos el error. Lo reconocemos, lo corregimos y aprendemos de nuevo a vivir como hermanos. Al perdonar de corazón hacemos visible la misericordia del Padre.

¿Soy capaz de ofrecer a los demás la misericordia que yo mismo he recibido de Dios?

03

Oratio

Lo que le digo a Dios

Nuestro Padre bueno siente más alegría
por el pecador arrepentido
que por los noventa y nueve justos
que no necesitan arrepentimiento.

También nosotros sentimos una gran alegría
al escuchar los relatos evangélicos
de la oveja descarriada,
de la moneda perdida
y del hijo pródigo.

— San Agustín (Confesiones 8, 3, 6-8)

04

Contemplatio

Haz que me acuerde de ti, Señor

En el silencio…

Pedro formula una pregunta desde su manera de contar, tan parecida a la nuestra.

Jesús responde con una misericordia que no acepta límites.

Permanece ante la parábola y deja que su contraste toque tu corazón.

Déjate mirar

«¿No debías tú también tener compasión?»

Recuerda las veces en que has experimentado el perdón, la paciencia y la misericordia de Dios. Pregúntate si eres consciente de esa misericordia continua.

Permanece

Reconoce que también necesitas recibir perdón, amor y una vida reconstruida.
Repite despacio: «Señor, enséñame a perdonar como tú me perdonas».

Contemplar es fijar la mirada en nuestro interior, donde habita Dios.

05

Communicatio

En comunidad

En él todos somos uno

Compartir

Compartimos lo que el Señor ha suscitado en el corazón.

¿Qué palabra o momento me ha tocado más?
¿Qué he descubierto sobre la misericordia de Dios y la invitación que hoy me dirige?

Discernir

Escuchamos juntos qué puede estar diciendo el Señor a la comunidad.

¿Qué nos dice hoy sobre nuestra manera de perdonarnos?
¿Qué necesitamos cambiar para vivir relaciones más misericordiosas y fraternas?

Caminar

Elegimos un gesto concreto de misericordia.

¿Qué puedo hacer esta semana?
¿Cómo podemos ayudarnos a vivir el perdón y la reconciliación entre nosotros?

Inquietos, salimos;
perdonados, perdonamos;
juntos, vivimos la misericordia.

Oración

Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.

Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente se encuentre contigo,
único y verdadero amor.

Que todo sea para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón dirigidos hacia ti,
Dios nuestro.

Amén.

Oración

Por las vocaciones

Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.

Que se levanten y vivan unidos en ti.

Prepara sus corazones con tu Palabra,
para que anuncien la Buena Noticia a los pobres
y cuiden de tu mies abundante.

Que todos los llamados a la vida agustino recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

Y ahora…

Déjate inquietar →

dejate.inquietar.com

PredicAR · Agustinos Recoletos

Compartir Entrada: