Lectio Divina 25º Domingo Ordinario: Los últimos serán los primeros

Lectio Divina del 25º Domingo Ordinario, ciclo A, sobre Mateo 20, 1-16: la llamada de Dios, su bondad y la gracia que acoge a todos.

25º Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 20, 1-16

Los últimos serán los primeros

La gracia no se gana: se recibe

Esta Lectio Divina del 25º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, nos introduce en Mateo 20, 1-16: el dueño de la viña sale una y otra vez a buscar trabajadores y ofrece a todos el mismo denario. A través de Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Communicatio acogemos la Palabra al estilo agustiniano recoleto, para orar personalmente o en comunidad.

01  Lectio
02  Meditatio
03  Oratio
04  Contemplatio
05  Communicatio

Invocación

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa que cree en Cristo
para hacerse ciudadana
de la ciudad de Dios.

Ven, Espíritu Santo;
haz que recibamos las mociones de Dios.
Pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.

— San Agustín (En. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)

Evangelio

Mateo 20, 1-16

25º Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Salió de nuevo a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros en la plaza. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?”. Ellos respondieron: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.

Al atardecer, el dueño dijo a su administrador: “Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta llegar a los primeros”. Los que habían llegado al caer la tarde recibieron un denario cada uno. Cuando llegó el turno de los primeros, creyeron que recibirían más, pero también ellos recibieron un denario.

Entonces reclamaron al propietario: “Estos últimos solo trabajaron una hora y les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor”. Él respondió a uno: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle al último lo mismo que a ti. ¿No puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

01

Lectio

Lo que dice el texto

San Agustín · Sermón 87, 6-7

Que nadie retrase su entrada en la viña confiado en que, llegue cuando llegue, recibirá el mismo denario. La promesa es segura, pero nadie recibe permiso para posponer la respuesta. Los trabajadores fueron cuando el dueño los llamó. La recompensa pertenece a la generosidad del padre de familia; la hora de comenzar sigue siendo una cuestión decisiva.

Se te promete el denario, aunque llegues a la última hora, pero nadie te promete que vivirás hasta entonces. ¿Por qué retrasas el seguimiento de quien te llama, si conoces la recompensa, pero desconoces la duración de tu día? No dejes que la demora te prive de lo que Dios desea regalarte. Ve cuando te llame.

Santo Tomás de Villanueva

El Reino de Dios no se mide por el tiempo, sino por el espíritu y el fervor. Que los primeros no se enorgullezcan ni los últimos pierdan la esperanza: todos recibiremos la misma paga.

Comentario

El denario más costoso de la historia

El dueño sale al amanecer, a media mañana, al mediodía, por la tarde y cuando el día casi ha terminado. Nadie le resulta invisible. Su insistencia revela a un Dios que nunca se cansa de llamar y para quien ninguna vida llega demasiado tarde.

La parábola no ofrece una lección sobre salarios. Jesús habla de la gracia. El denario representa la comunión con Dios, un regalo que no puede dividirse ni calcularse por horas. Quien entra en la viña recibe al mismo Señor.

Los primeros no protestan porque hayan recibido menos de lo acordado. Se quejan porque los últimos han recibido el mismo bien. La comparación convierte la relación con Dios en una contabilidad de méritos y nos hace olvidar la alegría de haber sido llamados desde el amanecer.

«¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?» La pregunta descubre lo que sucede cuando interpretamos la fidelidad como un privilegio frente a los demás. El bien del hermano deja de alegrarnos y comienza a parecernos una amenaza.

La salvación es gracia antes que recompensa. La fidelidad importa, pero nunca nos concede superioridad. Todos vivimos de una bondad que no hemos comprado y todos somos invitados a alegrarnos cuando otro encuentra por fin un lugar en la viña.

02

Meditatio

Lo que la Palabra me dice

«Vayan también ustedes a mi viña».

La llamada de Dios es constante. Nace de un corazón que busca a cada persona y ofrece siempre una oportunidad de responder. Su voz pide una decisión libre y comprometida, pero no se cansa de volver a la plaza.

¿Sigo escuchando hoy la llamada de Dios a trabajar en su viña?

«¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?»

Jesús pone al descubierto nuestras comparaciones. El Padre no ama mediante clasificaciones. Acoge a sus hijos y se alegra cuando alguien acepta su invitación, aunque llegue al final del día.

¿Busco estar entre los primeros o me alegra que todos sean acogidos por el Padre?

03

Oratio

Lo que le digo a Dios

Quien te ha creado sin ti
no te salvará sin ti.

Quien te creó sin que tú lo supieras
no te salvará si tú no consientes.

— San Agustín (Sermón 169, 13)

04

Contemplatio

Haz que me acuerde de ti, Señor

En el silencio…

Observa cómo el dueño sale desde temprano y vuelve cuando el día ya está terminando.

Escucha la respuesta que dirige a quienes comparan: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?»

Deja que Jesús ilumine tus comparaciones, tus exigencias y la necesidad de demostrar méritos.

Déjate mirar

«Yo soy bueno».

Recuerda lo que has recibido, no porque lo hayas merecido, sino porque Dios ha querido regalártelo.

Permanece

Agradece la llamada y el don. Repite despacio:
«Señor, enséñame a alegrarme de tu bondad».

Contemplar es descansar en la gracia que Dios ofrece a todos.

05

Communicatio

En comunidad

En él todos somos uno

Compartir

Compartimos lo que el Señor ha suscitado en el corazón.

¿Qué palabra o momento me ha tocado más?
¿Dónde he experimentado la gratuidad de Dios en mi vida?

Discernir

Escuchamos juntos qué puede estar diciendo el Señor a la comunidad.

¿Cómo podemos crecer en una comunidad donde el bien del hermano sea motivo de alegría y no de comparación?

Caminar

Elegimos una actitud concreta para esta semana.

¿Qué necesito cambiar para vivir con más gratitud?
¿Cómo celebraremos el bien que Dios realiza en nuestros hermanos?

Inquietos, respondemos;
agradecidos, servimos;
juntos, celebramos la gracia.

Oración

Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.

Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente se encuentre contigo,
único y verdadero amor.

Que todo sea para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón dirigidos hacia ti,
Dios nuestro.

Amén.

Oración

Por las vocaciones

Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.

Que se levanten y vivan unidos en ti.

Prepara sus corazones con tu Palabra,
para que anuncien la Buena Noticia a los pobres
y cuiden de tu mies abundante.

Que todos los llamados a la vida agustino-recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

Y ahora…

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PredicAR · Agustinos Recoletos

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