Lectio Divina 13º Domingo Ordinario: La cruz que libera

Lectio Divina 11º Domingo Ordinario: La mies es mucha y los trabajadores, pocos
20 junio, 2026
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Lectio Divina 13º Domingo Ordinario: La cruz que libera

 

13º Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 10, 37-42

La salvarà quien pierda su vida por mí

Entregar lo poco que tenemos para ganarlo todo

Te compartimos la Lectio Divina del 13º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, sobre el evangelio de Mateo 10, 37-42: «El que salve su vida la perderá, y el que la pierda por mí, la salvará». Una oración guiada en cinco pasos —Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Comunicatio— al estilo agustiniano recoleto, para rezar a solas o en comunidad.

Invocación

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa
que cree en Cristo
para hacerse ciudadano
de la ciudad de Dios.

Ven, Espíritu Santo,
haz que recibamos
las mociones de Dios,
pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.

— San Agustín (en. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)

Texto Bíblico

Mateo 10, 37-42

13º Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá, y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa».

Palabra del Señor

R/ Gloria a ti, Señor Jesús

Lectio

Lo que dice el texto

San Agustín · Sermón 96, 1-4

Parece duro y grave este precepto del Señor de negarse a sí mismo para seguirle. Pero no es ni duro ni grave lo que manda aquel que ayuda a realizar lo que ordena… ¡Cuántas cosas duras no tuvieron que tolerar los hombres, cuántas cosas indignas e intolerables no hubieron de soportar para lograr el objeto de su amor!

Pues bien, siendo en su mayoría los hombres cuáles son sus amores, ni es preciso preocuparse tanto de cómo se vive cuanto de saber elegir lo que es digno de ser amado, ¿por qué te admiras de que quien ama a Cristo y quiere seguir a Cristo, amando se niegue a sí mismo? Pues si es verdad que el hombre se pierde amándose, no hay duda de que se encuentra negándose.

¿Qué significa: «Cargue con su cruz»? Soporte cualquier molestia: y así que me siga. Bastará que se ponga a seguirme imitando mi vida y cumpliendo mis preceptos, para que al punto aparezcan muchos contradictores, muchos que intenten impedírselo, muchos que querrán disuadirle, y los encontrará incluso entre los seguidores de Cristo. A Cristo acompañaban aquellos que querían hacer callar a los ciegos.

Si quieres seguirle, acepta como cruz las amenazas, las seducciones y los obstáculos de cualquier clase; soporta, aguanta, mantente firme. Estas palabras del Señor parecen una exhortación al martirio. Si arrecia la persecución, ¿no debe despreciarse todo por amor a Cristo?

Comentario

Entregar lo poco que tenemos para ganarlo todo

Santo Tomás de Villanueva

«La cruz de la carne es penitencia, la cruz del mundo es la pobreza, la cruz del espíritu es la obediencia. Con estas tres cruces somos perfectos: vivamos crucificados en ellas. No bajen de la cruz, que los bajen los ángeles. Si te dicen tus allegados, si te insisten los grandes del mundo: «Baja de la cruz, ven a predicar y te haremos caso», di que no, no lo hagas.»

Tres momentos clave podemos ver en este texto evangélico. Primero, se nos habla del amor prioritario a Cristo, que ordena nuestra manera de amar (ordo amoris). Luego, se nos presenta la dinámica de perder para ganar: una llamada a entregar la vida y no a retenerla. Por último, la presencia de Jesús se relaciona con la de sus discípulos, y esto asegura una recompensa, porque todo gesto de amor realizado por el Reino tiene valor ante Dios.

Son temas exigentes, quizá incluso controversiales, pero que enseñan muchísimo sobre nuestro discipulado.

La humanidad no es una fuente de amor; es Dios mismo la fuente. Nosotros somos recipientes que necesitan renovarse constantemente. No se rechaza el amor familiar; lo que se cuestiona es que cualquier amor ocupe el lugar que le corresponde a Dios.

Al hablar de la cruz, algo terrible para los oídos de sus discípulos, como también para los nuestros, Jesús se refiere al valor de la entrega cotidiana. Seguir al Maestro implica asumir también su estilo de vida e, incluso, consecuencias semejantes. Es precisamente en la fidelidad de este amor, especialmente cuando cuesta, donde el amor entregado adquiere su verdadero valor.

Pero ¿qué ocupa realmente el primer lugar en nuestro corazón?

La lógica de Jesús es otra: amar desde Dios y hacia Dios. Entonces los afectos se purifican, nuestras relaciones se vuelven más libres y el servicio se realiza sin buscar recompensas humanas. Solo el amor al Reino importa.

Meditatio

Lo que me dice el texto

«El que salve su vida la perderá, y el que la pierda por mí, la salvará».

A primera vista parece una contradicción: perder para ganar. Quien se aferra a sí mismo, a sus seguridades, termina encerrándose y empobreciendo su existencia. Muchas veces sufrimos porque queremos controlarlo todo. Jesús, en cambio, nos invita a confiarle nuestra vida y a dejar que Él la conduzca.

¿A qué me estoy aferrando? ¿Qué me impide confiar más plenamente en el Señor?

«El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta».

Dios suele salir a nuestro encuentro a través de rostros concretos. Se hace presente en quienes nos acompañan, nos corrigen, nos animan y nos ayudan a descubrir su presencia en nuestros hermanos de comunidad. La verdadera recompensa es la alegría de haber amado y servido por el Reino. Solo un corazón humilde puede comprender esta lógica de Dios.

¿Reconozco en mis hermanos los instrumentos que Dios utiliza para iluminar y orientar mi vida?

Testimonio

Las vidas inquietas por Dios

La mirada de Jesús

El año 2015 fue un punto de quiebre en mi vida cuando aún vivía en Colombia con mis padres. Después de mucho tiempo alejado de Dios, atravesaba una etapa marcada por la tristeza: la pérdida de mi abuela, una decepción amorosa, dificultades familiares y una profunda sensación de vacío. En medio de esa situación llegué a Lima, Perú, sin imaginar que allí el Señor me estaba esperando.

Un domingo acompañé a mi hermana a misa en la parroquia Santa Rita de Casia. Allí nació en mí el deseo de confesarme después de más de diez años. Recibí el perdón de Dios y, aunque aún no lo comprendía del todo, Él ya estaba obrando en mi corazón.

Días después, al finalizar una Eucaristía, una religiosa mayor, la hermana Evangelina Medje Aguirre, se acercó y me dijo: «Hijo, tienes el corazón triste, reza el rosario». Aquellas palabras atravesaron mi alma. Sentí el amor de Dios de una manera que nunca había experimentado y comprendí que Él había escuchado tantas oraciones hechas por mí.

Desde entonces mi vida tomó un rumbo nuevo. Permanecí en Lima, me integré a la comunidad de Santa Rita de Casia y fui creciendo en la fe. Hoy, junto con mi esposa, sirvo en la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta, agradecido porque Dios salió a mi encuentro cuando más lo necesitaba.

Felipe Arguello

FSAR · Santa Rita de Casia · Lima

Oración

Lo que le digo a Dios

Solo Tú, Señor, puedes juzgarme:
nadie conoce la intimidad de un hombre más que Tú.
Ni yo mismo,
que soy quien mejor debería conocerme,
termino por conocer al hombre que hay en mí.

Solo Tú, Señor, me conoces:
Es más, mientras yo me desconozco, yo sé algo de Ti:
que Te conozco como en un espejo,
confusamente y no cara a cara.

Sí, yo sé de Ti, que Tú eres absolutamente invulnerable,
mientras yo estoy indefenso ante cualquier tentación.
Yo sé, y espero, que Tú me seas fiel
y no permitas que sea tentado más allá de mis fuerzas.

Confesaré, pues, lo que sé de mí y lo que desconozco de mí.
Lo que sé de mí,
Te lo debo a Ti.
Lo que desconozco de mí,
seguiré desconociéndolo,
hasta que Tú disipes mis tinieblas
con la luz meridiana de tu presencia.

— San Agustín (Conf. 10, 5, 7)

Contemplatio

Haz que me acuerde de Ti, Señor

En el silencio

permanecemos en Su presencia
… e imaginamos

A tu alrededor aparecen personas, preocupaciones, proyectos y afectos de la vida.

Jesús te pregunta:
«¿Qué lugar ocupo yo en tu corazón?»

Jesús, con confianza al caminar, se voltea a verte y te dice:

«Sígueme»

Nos encontramos con tantas personas cada día.
Un hermano, un enfermo, alguien necesitado, y recuerdas:

«El que los recibe a ustedes, me recibe a mí».

Contemplar es fijar la mirada en nuestro interior, ahí donde habita Dios.

Comunicatio

En comunidad

En Él todos somos uno

El amor recibido interiormente se vuelve comunión y misericordia.

«Hoy Jesús me invita a…»

confiar más, desprenderme de algo, servir, reconciliarme, seguirlo con mayor libertad.

«Esta semana quiero recibir a Cristo en…»

mencionando un gesto concreto de acogida, servicio, escucha o cercanía.

Inquietos salimos;
en Ti caminamos;
juntos te seguimos.

Oración

Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.

Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente
se encuentre contigo,
único y verdadero amor.

Que todo sea
para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón
dirigidos hacia Ti,
Dios nuestro.

Amén.

Oración

Por las Vocaciones

Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.

Que se levanten y vivan unidos en Ti.

Prepara sus corazones con tu Palabra,
de modo que se dispongan
a evangelizar a los pobres
y a cuidar de tu mies abundante.

Señor, que todos los llamados
a la vida agustino recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

Y ahora…

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