Lectio Divina 27º Domingo Ordinario: Una viña llamada a dar fruto

Lectio Divina del 27º Domingo Ordinario, ciclo A, sobre Mateo 21, 33-43: cuidar la viña confiada por Dios y producir frutos para su Reino.

27º Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 21, 33-43

Una viña llamada a dar fruto

Multiplicar lo recibido es construir el Reino

Esta Lectio Divina del 27º Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, nos introduce en Mateo 21, 33-43: la parábola de los viñadores homicidas. Dios confía su viña y espera frutos de justicia, reconciliación y fraternidad. A través de Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Communicatio acogemos la Palabra al estilo agustiniano recoleto, para orar personalmente o en comunidad.

Invocación

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa que cree en Cristo
para hacerse ciudadana
de la ciudad de Dios.

Ven, Espíritu Santo;
haz que recibamos las mociones de Dios.
Pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.

— San Agustín (En. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)

Evangelio

Mateo 21, 33-43

27º Domingo del Tiempo Ordinario

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre y luego lo alquiló a unos viñadores antes de marcharse de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos. Los viñadores se apoderaron de ellos: golpearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán”. Pero los viñadores dijeron: “Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos viñadores?». Ellos respondieron: «Dará muerte a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros que le entreguen los frutos a su tiempo».

Jesús les dijo: «¿No han leído en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular; esto es obra del Señor y es admirable? Por esta razón les digo que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Palabra del Señor

Gloria a ti, Señor Jesús

01

Lectio

Lo que dice el texto

San Agustín · Sermón 87, 2

Los arrendatarios dijeron: «Este es el heredero; démosle muerte y será nuestra la herencia». Lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. Cuando Jesús preguntó qué haría el dueño, la respuesta fue clara: confiaría la viña a otros agricultores que entregaran el fruto a su tiempo.

La viña fue plantada cuando la ley quedó depositada en los corazones. Los profetas fueron enviados a buscar el fruto, es decir, una vida recta, pero recibieron afrentas y muerte. Finalmente fue enviado Cristo, el Hijo único. Los viñadores quisieron poseer la herencia dándole muerte, y su decisión produjo el efecto contrario: por matar al heredero, perdieron la viña.

Santo Tomás de Villanueva

Cultivemos nuestra viña espiritual: abramos la tierra a la lluvia de la gracia y al calor de la caridad, cortemos las ramas podridas del pecado y dejemos que el Señor la trabaje y la renueve. Que sea la viña del Señor y no la nuestra.

Comentario

Multiplicar lo recibido es construir el Reino

La pregunta que nace de la parábola es directa: ¿qué estoy haciendo con la viña que Dios ha puesto en mis manos? La vida, los dones, las relaciones y la comunidad no son propiedades que podamos encerrar. Son una tarea confiada a nuestra responsabilidad.

Desde la creación somos colaboradores de Dios. Todo lo recibido está llamado a crecer y a beneficiar a otros. El problema comienza cuando olvidamos al dueño y vivimos como si la viña nos perteneciera por completo.

Los viñadores quieren quedarse con los frutos y con la herencia. Su afán de poseer los conduce a rechazar a los enviados y, finalmente, al Hijo. La parábola revela hasta dónde puede llegar un corazón que transforma el don en dominio.

Nuestra vocación consiste en construir juntos la comunidad. Conservar los talentos sin entregarlos no basta. El fruto que Dios espera se reconoce en la justicia, la reconciliación, la conversión y la fraternidad.

Dios nos ha entregado a su propio Hijo y la fuerza de su Resurrección. Frente a una generosidad tan grande, la respuesta cristiana consiste en colaborar con su obra y hacer visible el Reino mediante el amor.

02

Meditatio

Lo que la Palabra me dice

«Se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Dios desea estar presente en medio de su creación. Sin embargo, muchas veces vivimos con descuido y no reconocemos la grandeza de su cercanía. Nos ha entregado incluso a su Hijo, y aun así podemos pasar junto a ese don sin recibirlo.

¿Reconozco la presencia de Dios cuando se hace cercano a mi vida?

«A mi hijo lo respetarán».

Los viñadores miraron únicamente su propio beneficio. La vocación que Dios nos confía se vive desde el servicio y la comunidad. Los talentos son para entregarlos y producir frutos de justicia, reconciliación y libertad.

¿Uso lo que Dios me ha confiado solo para mí o para producir frutos para su Reino?

03

Oratio

Lo que le digo a Dios

¿Compartes mis ideas?
Acompáñame en mis proyectos.
¿Dudas de mi manera de pensar?
Sigue buscando conmigo la verdad.

¿Reconoces que te has equivocado?
Pásate a mi terreno.
¿Crees que me he equivocado yo?
Corrígeme.

Solo así caminaremos juntos
por el camino de la verdad,
en busca de aquel que dice:
«Busquen siempre mi rostro».

— San Agustín (La Trinidad 1, 3, 5)

04

Contemplatio

Haz que me acuerde de ti, Señor

En el silencio…

Observa al dueño de la viña. Mira cuánto ha hecho por ella: la prepara, la cuida y la entrega a los viñadores.

Escucha la decisión de quienes olvidaron el don: «Este es el heredero; vamos a matarlo».

Contempla a Jesús y pregúntate qué quiere revelar de Dios a quienes lo escuchan.

Déjate mirar

La viña está en tus manos.

Permite que Jesús mire tu vida, tus dones, tu vocación, tus relaciones y tu comunidad. Todo ello forma parte de la viña que Dios te ha confiado.

Permanece

Agradece su paciencia y el don de su Hijo.
Repite: «Señor, haz que mi vida dé fruto para tu Reino».

Contemplar es recibir la viña como un don y una responsabilidad.

05

Communicatio

En comunidad

En él todos somos uno

Compartir

Compartimos lo que el Señor ha suscitado en el corazón.

¿Qué me ha hecho descubrir Jesús sobre mi manera de vivir?

Discernir

Escuchamos qué está pidiendo hoy el Señor a la comunidad.

¿Qué frutos del Reino estamos llamados a cuidar y hacer crecer?
¿Qué llamada concreta ha aparecido al compartir?

Caminar

Elegimos un paso sencillo y posible.

¿Qué fruto concreto quiere Dios que dé esta semana?
¿Qué podemos hacer juntos para que la comunidad sea una viña fecunda?

Inquietos, recibimos;
agradecidos, cultivamos;
juntos, damos fruto para el Reino.

Oración

Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.

Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente se encuentre contigo,
único y verdadero amor.

Que todo sea para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón dirigidos hacia ti,
Dios nuestro.

Amén.

Oración

Por las vocaciones

Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.

Que se levanten y vivan unidos en ti.

Prepara sus corazones con tu Palabra,
para que anuncien la Buena Noticia a los pobres
y cuiden de tu mies abundante.

Que todos los llamados a la vida agustino-recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.

Amén.

Y ahora…

Déjate inquietar →

dejate.inquietar.com

PredicAR · Agustinos Recoletos

Compartir Entrada: