XXXI Domingo del Tiempo Ordinario · Mateo 5, 1-12
Bienaventurados ustedes
Construir el hoy a base de futuro
Esta Lectio Divina del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario nos sitúa ante Mateo 5, 1-12, la puerta de entrada al Sermón de la Montaña. Este domingo, 1 de noviembre, coincide además con la solemnidad de Todos los Santos, y la Iglesia proclama las bienaventuranzas: el retrato de Jesús y el camino de quienes ya gozan de Dios.
Jesús no promete una vida sin problemas, sino una felicidad que nace de pertenecer al Reino. Recorremos Lectio, Meditatio, Oratio, Contemplatio y Communicatio al estilo agustiniano recoleto.
Invocación
Ven, Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
por quien se santifica
toda alma piadosa que cree en Cristo
para hacerse ciudadana
de la ciudad de Dios.
Ven, Espíritu Santo;
haz que recibamos las mociones de Dios.
Pon en nosotros tu fuego,
ilumínanos y elévanos hacia Dios.
San Agustín (En. Ps. 45, 8 · Serm. 128, 4)
Evangelio
Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos, y comenzó a enseñarles con estas palabras:
«Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos».
Palabra del Señor
R/ Gloria a ti, Señor Jesús
01
Lectio
Lo que dice el texto
San Agustín leía las bienaventuranzas como una escalera: a cada una le corresponde un don del Espíritu Santo, y se asciende desde la humildad del temor de Dios hasta la sabiduría que contempla. Por eso no empiezan por lo más alto, sino por los pobres de espíritu.
San Agustín
También el profeta Isaías, al ponderar aquellos siete conocidísimos dones del Espíritu, comenzó por la sabiduría y llegó hasta el temor de Dios, como descendiendo desde lo más sublime hasta nosotros para enseñarnos a ascender. Comenzó por el don al que deseamos llegar y terminó en el don por donde debemos empezar. «Reposará sobre él —dice— el Espíritu de Dios: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad, espíritu del temor del Señor». Así como él descendió de la sabiduría al temor, no por desfallecimiento, sino enseñando, así también nosotros tenemos que ascender desde el temor hasta la sabiduría, no enorgulleciéndonos, sino progresando. Pues «el principio de la sabiduría es el temor del Señor»…
En el valle se simboliza la humildad. ¿Y quién es humilde sino el que teme a Dios, quebrantando su corazón con ese temor, con las lágrimas de la confesión y de la penitencia? Dios no desprecia un corazón contrito y humillado… Por consiguiente, habiendo antepuesto la sabiduría, es decir, la luz indeficiente de la mente, le añadió el entendimiento, como para responder a quienes preguntasen desde qué peldaño se llega a la sabiduría: «Desde el entendimiento; y al entendimiento, desde el consejo; al consejo, desde la fortaleza; a la fortaleza, desde la ciencia; a la ciencia, desde la piedad, y a la piedad, desde el temor»…
Sermón 347, 2
Santo Tomás de Villanueva
«Dicen y no hacen; hablan, pero no actúan. Si Dios hubiese dado al hombre la lengua y no las manos, no sería de extrañar que hablara sin hacer. Pero, habiendo recibido de Dios una sola lengua y dos manos, ¿por qué habla tanto y hace tan poco? Esto, ciertamente, me aterra. Cuida, por tanto, tus obras, ¡oh hombre!, pues en ellas se fundan todos tus bienes».
Las bienaventuranzas no se recitan: se aprenden con las manos, en gestos concretos de misericordia, de paz y de justicia.
Comentario
Construir hoy a base de futuro
La palabra «dichosos» o «bienaventurados» no significa necesariamente «contentos» o «sin problemas». Afirma que esas personas son felices ante Dios, porque su situación no queda fuera de la promesa ni de la acción de su Reino.
Por eso las promesas aparecen en futuro —«serán consolados», «serán saciados», «verán a Dios»—, mientras que la primera y la octava bienaventuranza hablan en presente: «de ellos es el Reino de los cielos». Con Jesús, el Reino ya ha comenzado a hacerse cercano, pero su plenitud todavía se espera.
Las bienaventuranzas son, ante todo, el retrato de Jesús. Por eso resuenan de modo especial en la fiesta de Todos los Santos: los santos son quienes se dejaron modelar por ellas y nos muestran que este camino es posible.
02
Meditatio
Lo que la Palabra me dice
«Se le acercaron sus discípulos, y comenzó a enseñarles».
Jesús se sienta, como los grandes maestros, pero con una cercanía que casi pasa desapercibida. Se sienta junto a nosotros y nos habla de cosas maravillosas, sencillas y posibles de vivir cuando permanecemos en su presencia: la dicha de vivir con sencillez y mansedumbre, de buscar y ofrecer consuelo, de tener hambre de justicia, de practicar la misericordia y de trabajar por la paz.
¿Me acerco a Jesús con un corazón dispuesto a aprender su manera de vivir?
«Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos».
Aun en medio de la adversidad podemos vivir con alegría; no porque el sufrimiento o la injusticia sean buenos, sino porque la fidelidad a Cristo nos sostiene en la esperanza. Nuestro verdadero tesoro está en la vida eterna que Jesús nos promete. Esta es nuestra esperanza: vivir el presente a la luz de un futuro que nadie nos puede arrebatar.
¿Transforma la esperanza que Jesús me promete mi manera de afrontar las dificultades del presente?
03
Oratio
Lo que le digo a Dios
Con san Agustín, dirigimos nuestra oración al Dios que es la fuente de toda felicidad verdadera.
Te invoco, Dios Verdad,
principio, origen y autor de toda verdad.
Te invoco, Dios Sabiduría,
principio, origen y autor de toda sabiduría.
Te invoco, Dios, vida plena y verdadera,
principio, origen y autor de toda vida.
Te invoco, Dios Felicidad,
principio, origen y autor de toda felicidad.
Te invoco, Dios Bondad y Belleza,
principio, origen y autor de toda bondad y hermosura.
Te invoco, Dios Luz inteligible,
principio, origen y autor de toda luz de la mente.
Te invoco, oh Dios, de todo corazón.
San Agustín · Soliloquios 1, 1, 3
04
Contemplatio
Haz que me acuerde de ti, Señor
En el silencio…
Contemplamos
Contempla a Jesús sentado en el monte, rodeado de sus discípulos. Escucha cómo proclama las bienaventuranzas y descubre qué clase de felicidad propone a quienes desean seguirlo.
Déjate mirar
Deja que su mirada se pose sobre tu vida tal como es hoy.
¿Qué bienaventuranza toca más profundamente mi vida en este momento?
¿Dónde estoy buscando mi felicidad y qué me invita Jesús a descubrir?
Permanece
Quédate en silencio y deja que resuene en tu interior la bienaventuranza que más te ha tocado. Repítela despacio y pide la gracia de acogerla y vivirla.
Contemplar es dejar que Jesús nos enseñe a ser felices a su manera.
05
Communicatio
En él todos somos uno
En comunidad…
Compartir
Cada uno comparte brevemente qué bienaventuranza ha tocado su corazón y qué ha descubierto sobre su propia vida.
Discernir
Escuchamos juntos lo que el Señor nos pide como comunidad.
¿Qué actitudes nos alejan del estilo de vida que Jesús nos propone?
¿Qué personas de nuestro entorno necesitan encontrar en nosotros la misericordia, la paz o el consuelo que Jesús anuncia?
Caminar
Elegimos una bienaventuranza que ilumine nuestra vida comunitaria y acordamos un gesto concreto para vivirla durante la semana. Cada uno puede asumir también un compromiso personal.
Pobres para dejarnos enriquecer por Dios,
misericordiosos para sanar heridas,
artesanos de paz en el camino de cada día.
Oración
Gracias, Señor
Gracias, Señor mío,
por todo cuanto me has concedido
e inspirado en este momento.
Deseo que mi inquieto corazón
no deje de arder
hasta que finalmente se encuentre contigo,
único y verdadero amor.
Que todo sea para mayor gloria de tu nombre,
siendo todos una sola alma
y un solo corazón dirigidos hacia ti,
Dios nuestro.
Amén.
Oración
Por las vocaciones
Señor Dios nuestro,
haz que el clamor de tu voz llegue a muchos.
Que se levanten y vivan unidos en ti.
Prepara sus corazones con tu Palabra,
para que anuncien la Buena Noticia a los pobres
y cuiden de tu mies abundante.
Señor, que todos los llamados a la vida agustino-recoleta
escuchen tu voz
y puedan cumplir tu voluntad.
Amén.
Y ahora…
¿Y si la felicidad que Jesús propone también es para ti?
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